sábado, 6 de junio de 2015

Un artículo atribuido a Juan Canalejo

Sigo en modo pausa con respecto a la violencia comunista que hacía el chulo en la Galicia de los 40. Para ir adaptando el cuerpo a tratar de nuevo con ellos y soslayar la grima y asco que me producen, haremos un salto en el tiempo hasta el año 1934 que además de recuperar un posible artículo de Juan Canalejo nos va a dar idea del acercamiento que hubo entre anarquistas y falangistas coruñeses.

Arturo Sabio Larrosa era un furibundo comunista de Bilbao que llevaba viviendo en La Coruña desde los años 20. Tal vez llegó con los demás bilbaínos que construyeron el Banco Pastor, unos obreros que por su altura, robustez y exotismo en La Coruña de la época, tantas chicas dejaron encinta. El caso es que en junio de 1934 fue a la Prisión Provincial. Al salir habló con dos soldados que estaban de guardia para que se hiciesen comunistas, sobre introducción de armas en la prisión, y les entregó sendos ejemplares de la publicación extremista, órgano del Partido Comunista de España, Bandera Roja. En ella se exhortaba a los soldados a volver los fusiles contra sus jefes, lo que constituía el delito de inducción para cometer el de rebelión militar. Como consecuencia de lo anterior Arturo Sabio fue reducido a prisión y la justicia militar le incoo la causa nº 59 de 1934 que se conserva en la caja 1518 dentro del fondo de la Capitanía General de la 8ª Región Militar en el Archivo Intermedio Militar Noroeste de Ferrol. Durante el proceso de instrucción la Policía practicó un registro en el domicilio de Arturo Sabio incautándole diversas publicaciones extremistas, entre otras un ejemplar del semanario anarquista Solidaridad Obrera, que se une a la causa entre los folios 16 a 19. Al folio 19 vuelto de la causa, última página del nº 160 de Solidaridad Obrera correspondiente al 2 de junio de 1934 aparece un artículo titulado Un muerto más, profusamente subrayado y anotado al margen en el ejemplar unido a los autos. Junto al título que lo encabeza hay una llamada que se resuelve en nota al pie con letra que parece de Arturo Sabio:

Este artículo corresponde a Juan Canalejo, elemento atrozmente monárquico, defensor antes de la dictadura de Primo, y hoy del estado corporativo del fascismo. Este individuo, hace al parecer, de agente provocador, el artículo es un trabajo para filtrarse en las organizaciones obreras ¿Que causas han influido para que se publique?

Te voy a dar yo a ti atrozmente monárquico... Aunque coincido con el tópico cuando señala que un comunista nunca dice la verdad; que responden al prototipo de tíos más falsos que un duro de madera, de los que siempre van por detrás, y pese a que el artículo no aparece firmado, como quiera que la nota de Sabio es privada y para uso del que la escribió; como no hay porqué pensar que se iba a mentir a si mismo, tal vez se pueda atribuir el artículo sin que cause mayor violencia a Juan Canalejo, asesinado por los camaradas de Arturo Sabio en una de las primeras sacas que hicieron en las cárceles de Madrid al comenzar la guerra.

En cuanto a las causas de haberse publicado el artículo de un falangista en el anarquista Solidaridad Obrera, apunto una posibilidad. Con motivo de la huelga terrorista desarrollada por los anarquistas en diciembre de 1933, los de San Pedro de Nos quisieron tomar la casa cuartel de la Guardia Civil de Oleiros y por breves minutos proclamaron el comunismo libertario en ese municipio. Ya lo vimos. Durante el intento de asalto a la casa cuartel resultó muerto el anarquista Francisco Llerena. Cuenta Dionisio Pereira (Sindicalistas e rebeldes : anacos da historia do movemento obreiro na Galicia, Vigo : A Nosa Terra, 1998, pág. 56) que según le refirió José Antonio Durán, en una reunión convocada por la Federación Local Obrera para ver como iban a atender a la familia del fallecido se presentaron de improviso Juan Canalejo y Carlos Montero Díaz, vestidos de uniforme completo. Según Dionisio Pereira ambos eran conocidos por la contundencia con la que defendían sus ideales, y añade entre paréntesis que también se dice que eran conocidos por su nobleza. Pues bien, según Pereira allí se presentaron los dos falangistas indicando que traían consigo el resultado de la colecta realizada entre la Falange coruñesa en favor de la familia de Llerena, dejando a la militancia anarquista asombrada y confusa. Apunto a la posibilidad de que este gesto fuese el origen de ese rumor que dice que los falangistas coruñeses se llevaban mal con los socialistas y comunistas, especialmente con sus juventudes, pero mantenían buenas relaciones con los anarquistas; y que esas buenas relaciones permitiesen que Juan Canalejo escribiese el artículo que enlacé y podéis leer en Solidaridad Obrera en torno al asesinato por los porristas de los Azaña o Casaritos, del dependiente de comercio  de 23 años, Francisco Insua, en el mitin que dio Izquierda Republicana en la plaza de toros, reventado por los propios obreros anarquistas, hecho atribuido de forma inveraz a Juan Canalejo, como ya vimos.





miércoles, 8 de abril de 2015

Detención, juicio y ejecución de Alexandro Bóveda (y V)

CONSEJO DE GUERRA, SENTENCIA Y EJECUCIÓN

El 13 de agosto de 1936 se reunió en el salón de actos del Palacio Provincial de Pontevedra el consejo de guerra ordinario de plaza que iba a ver y fallar la causa nº 356 de 1936 instruida en procedimiento sumarísimo contra Alejandro Bóveda Iglesias y Amando Guiance Pampín. Presidía el tribunal el teniente coronel del Regimiento de Artillería Ligera nº 15, Antonio Durán Salgado. Ejercían como vocales los capitanes de la Caja de Recluta nº 53 Arturo Carrillo Reguera y Ricardo Martínez Martínez; los del Regimiento de Artillería Ligera nº 15 Roberto Posada Barreras, Fernando Ponte Conde y el también capitán de la Plana Mayor de la Octava Brigada de Artillería, Manuel Nandín Sobrino. Ejerció funciones de vocal ponente el auditor de segunda Juan de Villavicencio y Pereira, ignorado por el hagiógrafo de Bóveda pese a su importancia, pues se supone que es quien redacta la sentencia y el vocal cuyo criterio jurídico tenía mayor peso. El Ministerio Fiscal estuvo representado por el auditor de segunda movilizado, Ramón Rivero de Aguilar. De la defensa de los reos se encargó el capitán de la Caja de Recluta nº 53 Manuel López de Roda y Arquer.

Ante el Consejo depusieron diversos testigos comenzando por el comisario jefe de Pontevedra, cuya declaración --contra lo manifestado por Álvarez Gallego-- es tan favorable al fiscal que llega a decir respondiendo a la defensa:

Que las palabras que oyó al rendirse el Gobernador son las mismas que constan en su declaración y a preguntas de un Vocal, dice que dichas palabras fue a Bóveda a quien se las oyó y no a Pampín.

Palabras que en su declaración son las que siguen: "esto no puede ser hay que matarlo, es una traición".

Según el agente Cástor Prieto, era voz generalizada de la gente que bajaba del Gobierno Civil que las armas eran entregadas por Bóveda. Los demás testigos refuerzan en general la idea de que Bóveda fue directivo y participó en el reparto de armas. Es decir, de mártir nada de nada. Un mártir es aquel que muere sin tocar armas, sin haber ejercido violencia ni la pretensión de cargarse al gobernador civil; y está claro que contra lo que cuenta el mito nacionalista, Bóveda fue uno de los cabecillas que prepararon la rebelión contra el Ejército en Pontevedra, en donde se repartieron armas, que insisto, una vez más, no eran para hacer cosquillas sino para causar bajas a los alzados. En Cataluña les cuentan que las montañas que aparecen tras la Mona Lisa son las de Montserrat, y parece que a muchos les cuela; lo mismo que la plaza Mayor de Salamanca es obra de un Catalán; que el Lazarillo de Tormes se escribió primero en catalán, o que Companys fue un mártir cuando durante su mandato hubo una carnicería espantosa, y pese a ello hasta Marhuenda le coloca la falsa etiqueta de mártir. Todo esto cuela en Cataluña porque llevan tropecientos años de lavado de cerebro nacionalista, de continua, excluyente y machacona afirmación de catalanidad. Como en Galicia el nacionalismo nunca fue nada, hoy más que nunca está de capa caída, la figura de Bóveda sólo produce indiferencia, e invito a quien lo dude a que se vaya a cualquier aquelarre nacionalista el día que conmemoran su fusilamiento y que cuente el (ridículo) volumen de asistentes.

En uno de los relatos míticos del hagiógrafo de Bóveda se dice que este depuso ante el consejo de guerra cuando fue autorizado por el presidente. Por supuesto reproduce el discurso con todo lujo de detalles, quiero recordar que a lo largo de página y media. Ese supuesto discurso de Bóveda es una soflama encendida que resulta cómica para quien sepa lo que es, no ya la celebración de un consejo de guerra, sino la vista oral de un juicio ordinario. Según este relato mítico, profusamente distribuido, Bóveda diría que su patria natural era Galicia, que la amaba por encima de todo, etc. Por si no se recordase lo que le pasó al alcalde de Ferrol y como lo cortó el coronel Cánovas cuando intentó algo parecido, recuerdo que hace poco intentaron lo propio dos peritos que actuaban en favor de delincuentes de Resistencia Galega, y el presidente del tribunal (Audiencia Nacional) le retiró la palabra al que deponía y dio por concluida de forma abrupta la prueba pericial; como también se retiró el uso de la palabra a Xosé Manuel Beiras parece que también por tratar de cortocicuitar el pensamiento racional con otra soflama. Vamos, que el discurso apasionado y demagógico de Bóveda que reproduce Álvarez Gallego y reproducen con profusión los turiferarios nacionalistas no es creíble porque el tono resulta de una altivez intolerable y el presidente lo hubiese cortado de inmediato. Sí resulta creíble lo que aparece en el acta de celebración del consejo de guerra, aunque no quede muy nacionalista:

El procesado Bóveda solicitó que no se le considerase como traidor a la Patria, pues profesó siempre ideas autonomistas, jamás pensó en la desmembración de España y si así se condujo políticamente fue por creer que servía los intereses gallegos sin merma para la Patria y siempre bajo los auspicios del orden y de la paz.

Una vez que se retiró el tribunal a deliberar en sesión secreta dictó sentencia condenando al Alexandro Bóveda a sufrir la pena de muerte y al Amando Guiance Pampín, dada su menor responsabilidad, a cadena perpetua, ambos por un delito de traición. Siendo las cinco horas del día 17 de agosto de 1936 se ejecutó la pena de muerte, por fusilamiento, en la persona del reo Alexandro Bóveda en el km 1 de la carretera de Campañó. Podría seguir con aspectos morbosos en los que se mete el hagiógrafo sobre el alojamiento de las balas o lo que parecen meras ensoñaciones para mitificar al delincuente que diría a los de Asalto, ¡venga muchachos, tirad al pecho! Podría seguir con el invento de que el entonces instructor del procedimiento, José Vila Fano --al que designa como teniente cuando era comandante--, fue a Asturias y a las pocas semanas lo trajeron cadáver enterrándose en el cementerio de Pontevedra. En 1972 lo vemos ascendido a general de división... En fin, historia nacionalista, de la que dice la gente que es (toda) inventada.

Aunque Amando Guiance Pampín fue condenado a sufrir cadena perpetua (30 años) y el tribunal solicitó que se le rebajase a 20 años, no consiguió este primer indulto, pero como cualquier otro que no había cometido delitos de los que repugnan a las conciencias honradas, sea cual fuere la ideología de estas, pongamos por caso incendios, profanaciones, latrocinios, violaciones, etc., como cualquier otro condenado por traición, rebelión o auxilio a la rebelión, etc., salió de prisión en los 40. En concreto fue puesto en prisión atenuada en su domicilio el 23 de julio de 1940. La Comisión Central de Examen de Penas le redujo la impuesta a cuatro años, pero como resolvió en diciembre de 1942, hasta marzo de 1943 no se comunicó a la Policía y Guardia Civil que cesasen en la vigilancia del penado, así que hasta este mes no fue totalmente libre.

Como se aproxima el Día das letras galegas, para todo aquel que quiera salir de los mitos nacionalistas sobre Bóveda, si Filgueira Valverde fue o como hemos visto no fue llamado a deponer como testigo ante el consejo de guerra, aquí os dejo la causa 356 de 1936, del Registro de la Auditoría de Guerra de la Octava División Orgánica, contra Alejandro Bóveda Iglesias y Amando Guiance Pampín por delito de traición.



martes, 31 de marzo de 2015

Detención, juicio y ejecución de Alexandro Bóveda (IV)

¿FILGUEIRA TESTIGO?

Decía en otra anotación de esta serie que el "cargo" más serio que se hizo a Filgueira Valverde fue no acudir al jucio oral en el que se vio la causa instruida contra el Alexandro Bóveda. El hagiógrafo Álvarez Gallego repite en tres ocasiones que se le llamó y no se dignó acudir pese a estar citado. Tururú, mendaz, un despropósito como tantos otros de los contenidos en ese libelo que creen a pies juntillas los nacionalistas. Para que se vea lo poco fiable que es Vida, paixón e morte de Alexandre Bóveda (1972), hay que tener en cuenta el tono lírico y épico que Álvarez Gallego da a su obra para construir el mito, que como cualquier otro encierra muy poco de verdad. Algo parecido a aquella boutade de Castelao cuando afirmó que no enterraban hombres sino semillas de nuestra redención. No hay más que ver la composición sociológica de la sociedad gallega, o la indiferencia hacia el nacionalismo, Castelao o Bóveda por parte del pueblo gallego, que no los hace pasar de personajillos nacionalistas o nombres de calle, para entender que Castelao distó mucho de ser profeta.

Álvarez Gallego afirma que escribió su libro de un tirón, y pese a ello reproduce conversaciones largas, repletas de detalles, charlas mantenidas por Bóveda en las que el autor no estuvo presente y a más de 30 años de distancia de haber ocurrido... Pese a ello ofrece datos, pelos y señales. El autor se empeña en convencer al lector de que se detuvo a los compañeros de Bóveda "por republicanos" cuando el mismo nos cuenta que formaban parte del grupo que organizó la rebelión en Pontevedra. Desarrolla relatos que se asemejan a mentirijillas infantiles. Según uno de estos relatos el 25 de julio los presos en la cárcel de Pontevedra celebraron el Día de Galicia cantando a voz en grito el himno gallego. Como consecuencia de lo anterior una noche sacaron a Bóveda de la cárcel para pasearlo pero cuando paró el coche y los guardias civiles le dijeron que se alejara, se negó e inició un discurso sentimentaloide que el hagiógrafo reproduce con todo lujo de detalles con el que los convenció y no lo pasearon, entregándolo en la prisión del partido de Pontecaldelas... ¿Quién se puede creer algo así, incluso que un guardia del 36, que respondía al prototipo de tipo duro, se iba a dejar convencer por la demagogia cuando le daban una orden, que les enseñaban a cumplir sin rechistar?


El mismo hagiógrafo se empeña en afirmar que el juez, comandante José Vila Fano, sólo sometió a un interrogatorio a Bóveda, interrogatorio que por cierto reproduce de forma textual, con todo lujo de detalles pese a no haber estado presente, insisto que 30 años después de haberse producido... y que nada tiene que ver con el interrogatorio real que aparecen en la causa porque contra lo que afirma Álvarez Gallego, no sólo  le recibió la primera declaración el 3 de agosto, sino que una vez que le notifica el auto de procesamiento le recibe declaración indagatoria el día 6.

Álvarez Gallego no conoce el procedimiento de la justicia militar, se lía o no lo entiende y llama al miembro honorario del Cuerpo Jurídico Militar, Ramón Rivero de Aguilar, que ejerció funciones de fiscal ante el consejo de guerra, digo que lo llama de forma confusa auditor --otra cosa sería que en ese contexto le llamase jurídico--, y quienes auditaron la parte principal de este proceso fueron Tomás Garicano Goñi y José María Salvador y Merino, en ningún caso Rivero de Aguilar. Es tan indocumentado que hace capitán general al jefe de la media Brigada de La Coruña, general de brigada RogelioCaridad Pita --al que llama Pita Caridad-- cuya muerte endosa al mismo Rivero de Aguilar, que no intervino para nada en este proceso del que fue fiscal, incluso informando ante el consejo de guerra, Hernán de Martín-Barbadillo y Paúl, y auditor el de la División Eugenio Pereiro Courtier (Cf. causa 413/36 contra Enrique de Salcedo Molinuevo y Rogelio Caridad Pita por traición). También endosa a Rivero de Aguilar la muerte del gobernador civil de La Coruña y su mujer, el primero fusilado sin formación de causa y la segunda paseada. Endosa igualmente a Rivero de Aguilar la muerte de José Miñones, causa auditada por Pereiro Courtier y en la que fue fiscal, incluso ante el consejo de guerra, Hernán de Martín-Barbadillo (Cf. pieza separada de la causa 207/36 contra José Miñones Bernárdez por traición). También le achaca la muerte del secretario del ayuntamiento de La Coruña, Joaquín Martín Martínez, causa en la que tampoco intervino para nada Rivero de Aguilar (Cf. causa 207/36); la del alcalde de Ferrol, en la que tampoco intervino Rivero siendo notorio que ejerció funciones de fiscal incluso en la vista oral Martín-Barbadillo, etc. Y no será porque Ramón Rivero de Aguilar no fuese un activo fiscal honorario, pero es que Álvarez Gallego echa la lengua a pacer y no da una.

Por añadir algo más se empeña en enfrentar al fiscal Rivero de Aguilar con el comisario jefe de Pontevedra Florencio Enguita, del que se tomaría nota en el acta del juicio oral para dar parte sobre él. Ni la declaración del comisario puede ser más favorable al fiscal según el acta del juicio oral, ni por ello tuvo que haber enfrentamiento alguno, ni menos consta que se tomase nota de ninguna queja por parte del fiscal.

Llega al extremo de la mendacidad al afirmar que el Consejo de Guerra condenó a muerte a Guiance Pampín, pero debido a influencia de su familia, se le conmutó esta  pena por reclusión perpetua. Cualquiera que se lea la sentencia comprueba que el Consejo condenó a Amando Guiance a cadena perpetua (30 años), que la misma sentencia considera excesiva la pena impuesta y el tribunal pide que se le conmute por 20 años de reclusión menor.

Podría seguir con un nutrido etcétera de disparates, pero creo que los expuestos son suficientes. Me faltaba por indicar porqué Xerardo Álvarez Gallego se aparta de la verdad cuando señala que Filgueira Valverde se negó a acudir como testigo al consejo de guerra que vio y falló la causa contra Bóveda, pese a estar citado. Que no... Si Filgueira estuviese citado su citación aparecería en la diligencia de lectura de cargos del Alexandro Bóveda, y no aparece. Bóveda solicita que en descargo de los que se le hicieron se recibiese declaración en la fase de plenario a varias personas; en dos casos más (Virgós y García Vidal) se deja a voluntad del instructor que les tomase declaración durante la fase de plenario o que se les llamase al acto del juicio oral. Todas las pruebas solicitadas por Bóveda se aceptan por el instructor; consta en autos que se practican, y como el juez llama a todos aquellos interesados por el reo o formalmente su abogado, entre los que no está Filgueira Valverde, habrá que concluir que forma parte de las mentirijillas que pretende colar Álvarez Gallego la especie consistente en que se hubiese citado para comparecer ante el consejo de guerra a Filgueira Valverde.



martes, 24 de marzo de 2015

Detención, juicio y ejecución de Alexandro Bóveda (III)

ACTIVIDADES DELICTIVAS

Los cargos que se hicieron contra el Alexandro Bóveda, como veremos resultan incontestables por abrumadores. Insisto, una vez más, que el nombre oficial de este individuo es Alejandro Bóveda Iglesias, el de pila que usaba era Alexandro --o Xandro con la familia-- pero en ningún caso Alexandre que es producto como tantos otros de la calenturienta inventiva de su hagiógrafo nacionalista, que tiene redaños para publicar facsímiles de varias cartas en las que nuestro protagonista firma como Alexandro o Xandro, y se empeña en llamarle Alexandre. Decía que los cargos que se hicieron al Bóveda resultan incontestables: se le acusa de formar parte del comité que, una vez que tuvo noticias del alzamiento de nuestras tropas de África, preparó la rebelión en el Gobierno Civil de Pontevedra repartiendo armas. Como estas no se usaron para hacer cosquillas a los alzados, sino que les ocasionaron bajas, pocas, pero bajas en definitiva, se comportó desde el punto de vista jurídico como un perfecto traidor al poner impedimentos al avance del Ejército. Como esta oposición la realizó desde un cargo directivo, el consejo de guerra pudo apreciarle la agravante de perversidad del delincuente, lo que a su vez permitió establecer la pena a imponer en su grado máximo.

Para que se vea lo que inventó o calló el hagiógrafo nacionalista del Alexandro Bóveda, dejo unos fragmentos de declaraciones en las que se le alude y permiten documentar lo que acabo de decir.
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Tengo  el honor de poner en conocimiento de V. que el día 20 del actual, durante las horas de la tarde en que con toda actividad se estaban concentrando armas recogidas por los elementos de las organizaciones marxistas en las armerías de la Capital y de las poblaciones de la provincia, y se armaba a dichos elementos, peligrosos todos ellos por su actuación y significación societaria, en el edificio y oficinas del Gobierno civil, preferentemente y como punto de distribución en el despacho del Gobernador civil, todo ello con ánimo de hacer frente a la posible acometida de las fuerzas del Ejército en todas estas actividades y como elemento dirigente figuraba D. Alejandro Bóveda, empleado de Hacienda, el cual en un momento en que un grupo de jóvenes subía la escalera del edificio, alguno de ellos portando al hombro cajas conteniendo armas recogidas en las armerías, desde el rellano central de la escalera increpó a los que subían diciendo que se mantuviesen abajo y como los portadores de las cajas, que se encontraban a la altura del [Bó]veda, contuviesen su ascensión, este se dirigió a ellos manifestándoles que ellos desde luego subían. Se apreciaba en su actitud que en las dependencias donde se concentraba el mando, el Sr. Bóveda ejercía una acción dirigente importante.
Oficio del agente de policía Ramón Pérez Cienfuegos, de 26 de julio de 1936 al comisario jefe de Pontevedra.

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Que mucha de la gente armada que estuvo en el Gobierno durante todo el día, no se encontraba cuando lo ocuparon las Fuerzas del Ejército porque momentos antes en varios camiones salieron dichos paisanos armados y que precisamente iban la mayoría con armas largas, desde las que fueron mandadas requisar por el Gobernador y repartidas por Bóveda y el Capitán de Asalto e iban a cortar el paso a las Fuerzas de la Base Naval de Marín que suponían venían hacia Pontevedra.

Declaración judicial del agente de Vigilancia Cástor Prieto Rodríguez en Pontevedra a 1 de agosto de 1936.

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Que el Sr. Bóveda le preguntó de que armamento tenía y disponía a lo que contestó que tenía armamento pero que mientras no viniese el Capitán él no disponía de nada (...) Que cree por haberlo visto que el que dirigía todo era el Sr. Bóveda o por lo menos que asumía las principales funciones.

Declaración judicial del sargento de Seguridad Antonio Dorado García en Pontevedra a 1 de agosto de 1936.

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El que declara en unión de otro agente y por creer que era su deber subió a defender al Gobernador, entre ellos estaban Jacobo Zbarsky que con una pistola en la mano amenazaba al Gobernador. Cuando fue requerido por el deponente para que dejara dicha actitud no hizo el menor caso. Entre los que estaban en actitud amenazadora, conoció a Bóveda, Adrio Barreiro, Novás, José Pintos, Pampín, Ramiro Paz, Caamaño y algunos otros que no recuerda y a otros que no conoce por sus nombres. Que todos estos eran los que parecían llevar la dirección de todo.

Que a Zbarsky por estar a su lado lo vio hacer un disparo al hidro que en aquel momento volaba muy bajo sobre dicho Gobierno lo que provocó los disparos del mismo (...) Como nombres de una serie de los que dirigían a las masas, armaban y daban órdenes, están Alejandro Bóveda, José Pintos, Paulo Novás, Ramiro Paz, Víctor Casas, Germán Adio, Mañá, José Adrio Barreiro, Amancio Caamaño, Amando Guiance Pampín, Manuel Martínez Vázquez, Andrés Rey Rey, Emilio Villar, César Poza Juncal, Ricardo Pomar Molla (este se distinguió en el reparto de armas y requisa de coches) Antonio Salvador Caja, Luis Poza Pastrana, Ramón Sainz de Inestrilla, José Acuña Damas, Francisco Tilbe Rodríguez y figurando igualmente entre los anteriores nombrados Abraam Zbarsky y Clemente Martínez Gendra, además de los dos delegados de Trabajo Royo y Mucientes. Como Jefe de las Milicias colocadas en entrada de la Alameda estaba Francisco Fernández Blanco, designado para el cargo por Alejandro Bóveda.

Declaración judicial del inspector de Vigilancia Antonio Iglesias Garcés, en Pontevedra a 2 de agosto de 1936.
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Que en uno de los momentos en que se asomó a la puerta principal del gobierno civil, el día veinte de julio último, vio un grupo enorme de gente al que se dirigió arengándolo Alejandro Bóveda y ordenó a Francisco Bernárdez Blanco, que al mando de un Grupo de Milicias se colocase en la Rotonda de la Alameda, en actitud de defensa, contra las Fuerzas del Ejército (...) Por las varias veces que el declarante subió al despacho del Gobernador, estaba entre los que recuerda, Alejandro Bóveda, José Pintos, Paulo Novás, Ramiro Paz, Víctor Casas, Germán Adrio, José Adrio Barreiro, Amancio Caamaño, Amando Guiance Pampín, Manuel Martínez Vázquez, Andrés Rey Rey, Emilio Villar, César Poza Juncal, Ricardo Pomar Molla, Antonio Salvador Caja, Luis Poza Pastrana, Ramón Sainz de Inestrilla, José Acuña Damas, Francisco Tilbe Rodríguez, Abraham Zbarsky, Clemente Martínez Genda, además de los dos delegados de Trabajo, Royo y Mucientes Juan González Corbacho [sic].

Declaración judicial de Heliodoro Pérez Martín, vigilante conductor del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, en Pontevedra a 2 de agosto de 1936.

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En los días dieciocho, diecinueve y veinte, vio entre otros que no recuerda a Bóveda, Adrio Barreiro, Pampín, Caamaño, Zbarsky padre e hijo, Poza hijo el más joven, Salvador Caja, Ramiro Paz y el Capitán Sr. Rico, los cuales unos más que otros, destacándose desde luego Bóveda aparecían en opinión del deponente como dirigentes del movimiento inusitado que se notó esos días en el Gobierno Civil.

Declaración judicial del portero del Gobierno Civil, Odilio Conde González, en Pontevedra a 4 de agosto de 1936.

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En los días dieciocho, diecinueve y veinte y aún en días anteriores el Despacho del Gobernador y un salón anejo a esa Dependencia se convirtieron --en una opinión del exponente-- en una especie de agencia para facilitar el armamento del pueblo, organizarlo y prepararlo para lo que todos hemos visto. Esa agencia la formaban, El Gobernador, Bóveda, el ruso Zbarsky y su hijo, Troncoso (está en Arbitrios) Adrio Barreiro, el representante del partido comunista cuyo nombre nunca pudo saber, Ramiro Paz, Víctor Casas, Caamaño, Salvador Caja, Inestrilla, Acuña factor del ferrocarril, Mucientes, de la Inspección de trabajo, Paulo Novás que estuvo en la mañana del veinte poco tiempo, y otros más que no puede el exponente recordar, de todos ellos el principal dirigente era Bóveda, el cual llegó hasta a arrestar por si y ante si, por no acatar a su Autoridad a un tal Puente, en una de las habitaciones del Gobierno Civil y en la mañana del día veinte (...) El gobernador Civil firmaba órdenes sobre licencias de armas, requisas de ferreterías, aprovisionamiento de dinamita, etc. y hasta ha visto en el día veinte la firma del Bóveda en alguna disposición u orden aunque no puede precisar para que objeto. Hace constar que una especie de brazo ejecutor del Bóveda (manejaba el teléfono, cursaba órdenes, etc.) era el segundo hijo del Médico Poza.

Declaración judicial del portero del Gobierno Civil, Ricardo Rial Dotras, en Pontevedra a 4 de agosto de 1936.

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En los días dieciocho, diecinueve y veinte, vio el declarante, al Gobernador, que con Bóveda, el Capitán Rico, Pampín, Adrio, un Suboficial de Artillería que después supo el dicente era el llamado "hijo del Ruso" y Ramiro Paz, entre otros que no puede recordar dirigían al parecer todo el movimiento de armamento y organización de la masa de paisanos que invadía el palacio de la Diputación, destacándose Bóveda en la aludida dirección.

Declaración judicial del portero del Gobierno Civil Juan Rivas Solano, en Pontevedra a 4 de agosto de 1936.

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El día veinte vio al lado del Gobernador entre otros a Bóveda, y a Pampín, al Sr. Pérez Prego, Presidente de la Diputación, como elementos directivos del frente Popular. Le consta que Bóveda era uno de los elementos del Frente Popular más influyentes.

Declaración de Amancio Caamaño Cimadevila, exmilitante de Izquierda Republicana, en Pontevedra a 4 de agosto de 1936

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Que los que recuerda que los [sic] que estaban en el despacho del Gobernador eran Pérez Prego, Bóveda, Telmo Bermúdez, Pampín y otros que no recuerda.

Declaración judicial de Paulo Novás Souto, secretario de Izquierda Republicana, en Pontevedra a 5 de agosto de 1936.

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Que en la noche del sábado al domingo diecinueve, la pasó en el Gobierno Civil, en el que con el Gobernador estaban Bóveda, Adrio Barreiro, Guiance Pampín, el Delegado de Trabajo, Caamaño, Luis Poza, Paulo Novás y no recuerda si Ramiro Paz. Juntos pasaron toda la noche hablando de los acontecimientos políticos que se anunciaban en España.

Declaración judicial de Víctor Casas Rey, presidente de la organización local del Partido Galleguista, en Pontevedra a 2 de agosto de 1936.

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Que a los alrededores del gobernador y en su despacho y entre otros que no recuerda estaban Bóveda, Pampín, y el Capitán Rico.

Declaración judicial de Ramiro Paz Carvajal, socialista, en Pontevedra a 5 de agosto de 1936.

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Que estuvo en el Gobierno Civil en la mañana del lunes día veinte de julio. Que allí y por no obedecer una orden de recogida de armas fue arrestado estando presente el Gobernador por Bóveda, quien le mandó ir a una de las habitaciones del Gobierno Civil encerrándole personalmente en ella; de la que logró salir al encontrar la puerta abierta a las doce de aquella mañana, escapándose seguidamente.

Declaración judicial de Manuel Puente Iglesias, agente ejecutivo de la Diputación, en Pontevedra a 5 de agosto de 1936.

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Que recuerda entre los que estaban en el despacho del Gobernador a Bóveda de quien desde luego no recibió orden alguna.

Declaración judicial de Luis Poza Pastrana, secretario del grupo local del Partido Galleguista, en Pontevedra a 5 de agosto de 1936.

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Que entró con alguna frecuencia en el despacho del Gobernador llamado por este para que atendiera el teléfono. Que en dicho despacho hubo gente durante toda la noche y que en opinión del dicente estaban reunidos en espera de las incidencias que pudieran ocurrir con motivo de un levantamiento de las tropas de África. Entre los que recuerda que estuviesen allí, figuran Bóveda, Pampín, Luis Poza, Edelmiro Dios, José Adrio Barreiro, el Capitán Rico, Paulo Novás, Víctor Casas, Antonio Salvador Caja, José Acuña, y que estuvo un rato solamente (...) Que vio como Bóveda, Luis Poza, Antonio Salvador Caja, y más tarde a Inestrilla y Mucientes, escribiendo a máquina unos oficios que llevaban a la firma al Gobernador y que una vez firmados eran repartidos en el ante despacho del Gobernador a varias personas de las cuales conoce algunas de vista. Que cree que los oficios eran órdenes de incautación de coches, gasolina, armas y municiones.

Declaración judicial de Enrique Pérez Fontán, funcionario del Gobierno Civil, en Pontevedra a 6 de agosto de 1936.

Todo lo cual, para poner de manifiesto la mendacidad o los inventos de la historia nacionalista, me parece que por hoy es bastante.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Detención, juicio y ejecución de Alexandro Bóveda (II)

LA REBELIÓN EN PONTEVEDRA

DÍA 17

De acuerdo con el testimonio del comisario jefe de Pontevedra, Florencio Enguita, en las primera horas de la noche del 17 de julio de 1936 llegaron a la Comisaría rumores relacionados con el levantamiento de nuestras tropas de África. Más tarde fueron confirmados al ordenarse desde la Dirección General de Seguridad que se intensificase la vigilancia en las fronteras para evitar el paso de los generales Sanjurjo y Cavalcanti junto con un alijo de armas que suponían acopiadas en Portugal.

DÍA 18

En las primeras horas del día 18 se tuvo conocimiento por un cabo de municipales de la gran actividad que había en el cuartel de Artillería, así como de la cantidad de soldados que iban a los domicilios de jefes y oficiales, que se congregaban en dicho cuartel vestidos de uniforme. Viendo que la situación se agravaba, este mismo día se reunieron con frecuencia miembros del Frente Popular en el despacho del gobernador civil de la provincia, Gonzalo Acosta Pan, entre otros Amancio Caamaño, Alexandro Bóveda, Amando Guiance Pampín, Ramiro Paz, Paulo Novás, Víctor Casas, el capitán de Asalto Juan Rico, José Adrio Barreiro, Celestino Poza (hijo), Maximiliano Pérez Prego, José Pintos, etc.

Sobre las 5 de la tarde el gobernador salió en su coche oficial para Salvatierra de Miño, Arbo y Tuy, poblaciones en donde había puestos fronterizos de la policía, para dar instrucciones. Cuando estaba en Tuy le entregaron una nota para que regresase con urgencia a la capital, cosa que hizo presentándose sobre las 21 horas. Con la llegada del gobernador comenzó la recluta y organización de unas fuerzas paramilitares que se harían las dueñas de la calle hasta que el Ejército restableció el orden, así como el montaje de la vigilancia en toda la población, en especial en los cuarteles de San Fernando y Campolongo, convocándose a todos los afiliados de los partidos extremistas integrados en el Frente Popular, tanto de la capital como del entorno. Todo ello efectuado por esas fuerzas paramilitares designadas en ocasiones con el pomposo nombre de Milicias Unificadas Antifascistas y al mando de José Pintos Quinteiro, en el coche de su propiedad y otros incautados mediante autorizaciones del Gobierno Civil, según decían. Al mismo tiempo daban a conocer la consigna de declarar la huelga general revolucionaria cuando lo ordenase el comité que para tal efecto se constituyó en servicio permanente. Esta huelga revolucionaria, no autorizada por la legislación, impulsada de forma aberrante y delictiva desde el Gobierno Civil, se aseguró que se declararía en cuanto el Ejército proclamase el Estado de Guerra. En la misma noche del 18 el comité montó un servicio permanente de guardias rojas en el Ayuntamiento, Gobierno Civil y Diputación.

DÍA 19

El domingo día 19 pasaron por el despacho del gobernador alcaldes y representantes del Frente Popular de toda la provincia para ponerse tanto a su disposición como a la del comité. En la noche del sábado al domingo se iniciaron por parte de los paramilitares registros domiciliarios y el domingo 19 se intensificaron, incluso efectuando detenciones de personas de significación derechista. Todo ello en virtud de denuncias del Frente Popular y por órdenes directas del gobernador. Según el comisario, la actividad de las milicias fue tan intensa que llegaron a ser los únicos que actuaban en la calle, sin que en Comisaría se recibieran órdenes para la práctica de servicio alguno y sí tan solo el que de forma verbal se dispuso practicase el inspector Antonio Iglesias en la madrugada del 20 de julio. Este consistía en la detención, registro y conducción de un coche que no se detuvo a su paso por Marín, suponiendo iba cargado de armas. Tal servicio no se cumplimentó al comprobar el inspector que sus ocupantes eran militares, lo que motivo una reconvención del gobernador civil.

Para asegurar la actividad de los grupos paramilitares, tanto el alcalde como el gobernador extendieron de forma absolutamente irregular unas autorizaciones para usar armas de fuego entre los días 19 al 22, hechas en blanco aunque con el hueco para consignar el nombre del beneficiario, sin que hubiese registro ni lista en que constase a quien se entregaban.

En la noche y madrugada del 19 al 20 los grupos paramilitares ejercían una vigilancia minuciosa, parando a todos los vehículos incluso los oficiales, cacheando e identificando a cuantas personas transitaban y no pertenecían al Frente Popular, llegando al extremo de que al querer parar un coche que no se detuvo hasta entrar en el cuartel de San Fernando se aproximaron tanto a este inmueble que tuvieron que salir los centinelas para dispersas y alejar a los grupos de escopeteros, que no abandonaron la vigilancia montada en los paseos del frente.

DÍA 20

El día 20 el aspecto de Pontevedra continuó en igual situación haciendo creer a la gente normal que se acercaba una noche revolucionaria, de incendios, cuchillos largos y tiroteos, en la que muchas familias iban a sufrir las consecuencias del terror rojo. Durante la mañana los obreros entraron a trabajar con la consigna de declarar la huelga general revolucionaria al primer aviso. Este se dio a las 11,30, saliendo los dirigentes para sus respectivos pueblos con el mismo fin y para reclutar gente que integrase los grupos paramilitares. A las 13,15 horas se recibió en Comisaría una orden del gobernador para que un funcionario acompañase a Andrés Rey y otros al objeto de requisar armas en comercios y viviendas y así se cumplimentó.

En las primeras horas de la tarde el comisario jefe con personal a sus órdenes y en virtud de mandato del gobernador, procedió a la incautación y clausura de la estación radiodifusora EAJ 40 de emisiones, Radio Pontevedra, trasladando a Comisaría una parte esencial del emisor, que quedó bajo llave hasta que esa misma noche y por orden del comandante militar de la Plaza fue entregada a un oficial de Artillería para su montaje bajo control de la Autoridad Militar. Antes había exigido esa parte esencial José Adrio Barreiro pero al consultarlo con el gobernador este no autorizó la entrega y no se efectuó.

Al regresar de la clausura de la emisora el comisario se encontró conque por orden del capitán de Asalto Juan Rico González, se había distribuido su fuerza por distintos puntos del Palacio Provincial, en especial balcones, ventanas, puertas de acceso y también en la Comisaría para situar guardias en las ventanas. Al poco subió el mencionado comisario al despacho del gobernador y se encontró al comité del Frente Popular y a varios miembros del mismo que hacían airadas protestas contra la pretensión que al parecer tenía el poncio de resignar el mando en la Autoridad Militar. Cuando habló por teléfono con el comandante militar de Pontevedra, general Iglesias,  y le comunicó que resignaba el mando comenzó el desconcierto y se iniciaron las amenazas contra el gobernador civil. Al comprobar el comisario que la situación de la primera autoridad civil de la provincia era extremadamente peligrosa, bajó a Comisaría y subió acompañado de un inspector, un agente y dos parejas de Asalto dirigiéndose al dormitorio en el que estaba el gobernador con su esposa, Caamaño y Pampín, todos sobrecogidos y llenos de pánico pues según decía el gobernador le querían asesinar. El inspector Antonio Iglesias pudo confirmar este extremo al ver al socialista Jacobo Zbarsky empuñando una pistola y apuntando a la puerta de entrada a dicho dormitorio, actitud que no abandonó hasta que fue intimado con carácter de autoridad por dicho inspector. Evacuado el Palacio Provincial de las fuerzas paramilitares, se trasladaron los policías al Cuartel, iniciándose el tiroteo contra el Ayuntamiento por los disparos que desde el mismo se hicieron cuando los funcionarios policiales se encontraban en la Alameda.

El gobernador fue detenido por el capitán de la Plana Mayor, Luis Sánchez Cantón al que vio como su salvador. Lo fue en un primer momento pero dados los graves delitos que se le probaron fue condenado a la última pena, y a este militar le tocó mandar el pelotón que ejecutó la sentencia. Bóveda también fue capturado en flagrante delito por el mismo Sánchez Cantón mientras salía del Palacio Provincial, lo que dio pie a que se instruyese contra él un relativamente extenso procedimiento sumarísimo en el que quedaron reflejadas sus actividades delictivas y sobre todo su perfil de exaltado, que veremos en próximos días. Para abrir boca, una muestra. Al justificar el gobernador su rendición diciendo "yo no quiero ser fratricida, ni que se derrame sangre en esta Provincia por mi causa", y que tuviesen paciencia pues si esta vez habían perdido otra vez ganarían, contestaron Alexandro Bóveda y el socialista Jacobo Zbarsky Kupper:

"Esto no puede ser, hay que matarlo, es una traición".

Lo cual da idea de una personalidad exaltada que poco tiene que ver con la que perfila su hagiografía nacionalista, mendaz, una vez más.



lunes, 9 de marzo de 2015

Detención, juicio y ejecución de Alexandro Bóveda (I)

No, no dejo el estudio de aquella colección de personajes estalinistas que pulularon por Galicia en los años 40. Tan sólo introduzco por medio este tema. 

Con ocasión de que la Real Academia Gallega acordase dedicar el Día das letras a José Filgueira Valverde, pudimos ver uno de esos espectáculos en los que a determinadas minorías les sale un sarpullido. En fin, que no pierden ocasión de dejarnos regocijados. El sectarismo pretende que todo el mundo sea como el sectario, y en caso de no lograrlo, hace la vida imposible al diferente o lo pone de vuelta y media. Se "acusa" a Filgueira de haber sido alcalde de Pontevedra durante el franquismo, y procurador en Cortes; pero sobre todo y ante todo, el gran "cargo" que se le hizo fue no haber acudido como testigo al consejo de guerra que vio y falló la causa contra Alexandro Bóveda. Tururú. Historia nacionalista de la que dice la gente que es toda inventada. Esta hablilla fuera de propósito procede junto a una colección de disparates apasionados de similar calidad, de una biografía mendaz (esto por ser fino y educado) de Alexandro Bóveda. Vamos a ver a través de la causa que se instruyó a este individuo como fue la rebelión en Pontevedra; si el juicio fue una pantomima como sostiene la biografía-hagiografía a la que me refiero y que llega a inventarle el nombre de Alexandre, que no usaba, disparate parangonable a que a Ánxel Casal algún biógrafo le llamase Anxo, y a partir de ese momento, porque la historia nacionalista le llamase Anxo cada vez que nos refiriésemos a él lo hiciéramos como Anxo Casal (Xerardo Álvarez Castro: Vida, paixón e morte de Alexandre Bóveda, Buenos Aires, 1972); en la misma línea de considerar el juicio una pantomima está un pijín que parece descendiente suyo y se limita a repetir tópicos para mantener el mito, que como tal mito, no refleja casi nada de verdad. Y a estas alturas ¿no resulta llamativo que nadie haya publicado la causa contra Alexandro Bóveda? ¿No será que si se da a conocer se desmonta el mito que rodea a su protagonista y se pone de manifiesto la mendacidad de su biógrafo-hagiófrafo? Ya veremos que contra el reo que nos ocupa existen acusaciones muy graves e incontestables sobre su actividad delictiva; y no sólo procedentes de los porteros del Gobierno Civil, acusación esta que parece traumatizar tanto a Álvarez Gallego como al que creo descendiente de Bóveda. Si los modestos porteros les parecen a uno y otro personas sin luces suficientes y hasta humillante que se condenase a Bóveda por el testimonio de lo que vieron esos modestos trabajadores en el Gobierno Civil de Pontevedra mientras se preparaba la rebelión contra el Ejército, ya adelanto que la causa es muy rica en declaraciones de mayor consideración social, más presentables en el Casino (comisario jefe de Pontevedra, agentes de policía, funcionarios del Gobierno Civil, etc.) que se sostienen por su propio peso sin acudir a las declaraciones de los porteros, que por cierto no parece en absoluto que se aparten de la verdad.

De la causa contra Bóveda uno de los aspectos que más me sorprendió después de haberla leído fue que no se aludiese para nada al Santo Pucherazo del plebiscito estatutario gallego; ni a la actividad revolucionaria de Bóveda en octubre de 1934 que motivó su traslado forzoso a Cádiz. Tal vez las acusaciones que se hacen contra el galleguista por lo ocurrido en el Gobierno Civil de Pontevedra entre el 17 y 20 de julio de 1936 son de tal gravedad, la perversidad del acusado es tan evidente por la trascendencia que tuvieron los hechos que protagonizó, que no consideraron preciso en unos autos tramitados por el procedimiento sumarísimo remontarse más atrás para imputarle otros posibles delitos, como lo sería el electoral del plebiscito en el que cualquiera puede suponer que Bóveda tuvo un papel principalísimo.

Por último, sobre la cuestión del supuesto gobierno legítimo, hay que tener mucho pecho al hablar de gobierno legítimo para referirse al que teníamos en España el 17 de julio de 1936, máxime cuando se sabe que surgió de unas elecciones en las que hubo pucherazos en 12 provincias, que la Comisión de Actas entregó a la izquierda 32 escaños que había ganado en las urnas la derecha, etc. Hasta los periodistas ya no suelen referirse al gobierno legítimo y lo sustituyen por eufemismos como gobierno legalmente constituido, que tampoco es exacto. Sea como fuere, el movimiento cívico militar que se alza en armas contra quienes considera sus enemigos interiores, como en cualquier otro pronunciamiento, se considera el representante legítimo de la nación, siendo sus enemigos, rebeldes, traidores, etc. Así ocurrió con los luego denominados mártires de Jaca, que publicaron  este conocido y escueto bando considerándose los representantes del gobierno legítimo:

Como Delegado del Comité Revolucionario Nacional, a todos los habitantes de esta Ciudad y Demarcación hago saber:

Artículo único: Aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa.

Dado en Jaca a 12 de diciembre de 1930

Fermín Galán.

La lógica de los alzados en julio de 1936 no difiere de la empleada en diciembre de 1930 --sin que recuerde que a Fermín Galán nadie lo tachase de fascista--, y nuestros alzados también se consideraron los representantes legítimos de la nación. Como los que consideraron ilegítimos representantes no aguantaron ni medio asalto en Pontevedra, fueron juzgados como traidores, rebeldes, o fusilados sin formación de causa, justo lo que harían los representantes del Comité Revolucionario Nacional en 1930 caso de triunfar.




domingo, 25 de enero de 2015

Bombazo en Radio Nacional de España

El origen y evolución de lo que se llamó Centro Emisor del Noroeste de Radio Nacional de España está pidiendo de forma perentoria una historia fundada en fuentes fiables, con citas a documentos o fuentes que cualquiera pueda contrastar y que permitan hacer luz en ciertas dudas en las que según que autor se elija, se obtienen datos dispares para un mismo hecho. Esta anotación, con la transcripción del documento que aparece enlazado al final tiende a poner un grano de arena para quien pretenda hacer esa cada vez más necesaria historia.

De acuerdo con una persona de provecta edad que conocí, la emisora móvil de Radio Nacional de España estuvo cuando llegó a La Coruña en las Casas de los Bailly en el Grajal; de ahí pasó a la cantera de Monelos y al final quedó instalada en el monte de Santa Margarita. Otra fuente me hablaba de ella como un conjunto de "tres camiones y tres remolques que durante la guerra de liberación prestó servicio en Salamanca y Burgos". No sé si un cuarto camión sin remolque estaría en los primeros años junto a la antena, que unos dicen formada por dos mástiles telescópicos de 50 m y una fuente oral que trabajó desde 1950 y durante unos 15 años en la zona me asegura que sólo era un mástil. Tal vez primero fueron dos mástiles y luego uno, a saber. Si los camiones se encontraban en donde ahora se levanta la biblioteca de la Casa de las Ciencias, la antena estaría en el lugar que ocupó la pajarera del parque, en las inmediaciones del molino, aquí


La emisora Telefunken de 20 Kw, después de prestar servicio en Salamanca y Burgos parece ser que comenzó a funcionar en La Coruña el 30 de marzo de 1940. Emitía al parecer también de dos a cuatro de la tarde y de nueve de la noche a una de la madrugada pero el resto del tiempo permanecía encendida con su señal portadora. Esto le permitía funcionar como radiofaro que usaban los buques alemanes. Se produjeron protestas de los aliados hasta que estos comenzaron a usar esa misma señal también como radiofaro y parece que cesaron o se aminoraron. La Telefunken estaba servida por personal alemán y me consta que español por un pariente que vino con ella desde Burgos. Según el documento que veremos, en 1942, con ocasión de traer un chico cafés para los alemanes que trabajaban en Santa Margarita, un individuo le preguntó que era lo que llevaba. El muchacho respondió que café para los alemanes y el primero repuso que "era mejor que les llevases veneno". Este hecho alarmó al personal que denunció lo ocurrido a la policía. Con posterioridad pero también durante la II Guerra Mundial, un avión de nacionalidad desconocida lanzó un cohete o bengala en las inmediaciones de la zona en la que estaban los camiones. Esta novedad fue muy comentada por el barrio y ocasionó cierta alarma al creer los vecinos que se había iluminado el lugar para conocer el emplazamiento exacto de la emisora y poder bombardearla.

EL ATENTADO

Eran las 22.51 del 16 de mayo de 1946 cuando en La Coruña se escuchó una fuerte explosión. Acababa de estallar una bomba bajo el coche de acoplamiento de antena en la emisora de Radio Nacional de España instalada en Santa Margarita. La bomba, formada por unos cinco cartuchos de dinamita con mecha lenta, había causado desperfectos en la carrocería del camión y la inutilización del condensador situado en el interior del vehículo. Estaba de técnico de servicio Claudio Villanueva Lorenzo y custodiaba las instalaciones una pareja de la Guardia Civil al mando del guardia segundo José Fernández Álvarez. El personal de Radio Nacional se puso a trabajar con eficacia y pese a las dificultades de la posguerra el servicio se recuperó a las 14.45 horas del día siguiente.

Las pesquisas de la Guardia Civil y del juez instructor, que lo fue el titular del Juzgado Especial de Extremismo y Otras Actividades de la 8ª Región Militar, teniente coronel Antonio de Azpiazu Tato, no dieron resultado en un principio. Con la detención a los tres días, el día 19, de Manuel Luis Bello Parga tras el asesinato de Arcadio Vilela se obtuvo su versión sobre este atentado. Según Bello Parga el comando estaba formado por él mismo, por un tal Rafael el Andaluz, por Manuel Díaz Milia @ Manolete junto con José Pedreira de la Iglesia @ Tomás Padilla. Algunos autores incluyen también a José da Silva Bartomé @ Moreno (otros excluyen al Manolete), señalando que tanto el Moreno como el Manolete fueron infiltrados en la guerrilla a través de la novia de Bello Parga, que trabajaría para la Guardia Civil. Bello nunca habla en sus declaraciones del Moreno, sino que es la Guardia Civil o el juez instructor quienes en la causa por asesinato de Vilela identifican al Manolete que cita Bello con el Moreno.

De acuerdo con la versión del tantas veces citado Bello Parga su comando formaba parte de una partida comunista que se daba importancia bajo la denominación de Enrique Líster. Estaba formada por tan sólo unos ocho o diez extremistas: Francisco Rey Balbís @ Moncho, Amador Domínguez Pan @ José Pimentel, José Pedreira de la Iglesia @ Tomás Padilla, José María Díaz Pan @ Jaime y demás que vimos en el asesinato de Manuel Doval Lemat. Su campo de operaciones iba desde el monte del Gato en Curtis hasta La Coruña.

En cuanto al atentado que nos ocupa fue ordenado por Marcelino Rodríguez Fernández @ Marrofer, a José Pedreira de la Iglesia. Este lo consultó con el resto del grupo y después de visitar la zona decidieron colocar la bomba en el coche de acoplamiento de antena, al estar situado en la altura del molino junto a la antena, encontrarse separado de los demás y parecerles en definitiva un objetivo más fácil. La víspera visitaron la zona comprobando que el servicio de vigilancia de la Guardia Civil comenzaba a las diez de la noche --se prolongaba hasta la seis de la mañana. Así pues, al día siguiente colocaron la bomba a las 21.55 y parece que fue Rafael el Andaluz quien la depositó bajo el vehículo.

De inmediato se alejaron del lugar separados en dos parejas. Una estaba formada por Bello Parga y Pedreira de la Iglesia. La otra por Díaz Milia y Rafael el Andaluz. Quedaron en las inmediaciones del Cine Monelos y al llegar allí al poco escucharon la explosión. Se volvieron a separar y entre el 17 y el 19 ambas parejas anduvieron por las inmediaciones de La Coruña. La noche del 16 al 17 Bello y Pedreira la pasaron en un galpón cercano a la estación de San Cristóbal. Al día siguiente se volvieron a reunir los cuatro según habían acordado en la carretera de San Cristóbal, hoy Joaquín Planells, junto al Parque de Artillería. Las noches del 17 al 18 y de esta al 19 las pasó Bello con su compañero en dos casas de dormir de la calle del Orzán, que por cierto no se logran identificar en el sumario pese a los detalles que ofreció el reo. No les faltaba dinero ni armas. Marrofer y un tal Julio, que con la misma jerga altisonante se identifican por parte de Bello como jefes de estado mayor volante, habían entregado a cada uno de los cuatro integrantes del comando 500 pts. Todos portaban armas. Contaban con dos pistolas del 9 largo, una del 9 corto, otra del 7.65 y varios cargadores de repuesto.

El día 19 quedaron en el puente del Pasaje. Bello comió con Pedreira en El Nido y la otra pareja en una taberna situada en la carretera de Montrove. Esa noche tomaron el tranvía hacia el centro de la ciudad siendo detenido Bello mientras huía al poco de producirse el asesinato de Arcadio Vilela en el que participó.

MOTIVACIÓN

Al igual que en el asesinato de Manuel Doval Lemat en este atentado con explosivos existe una motivación aparente y otra real. Ya veremos que en la causa instruida por el asesinato de Vilela, Bello declara que la emisora de Radio Nacional de España en La Coruña era de gran potencia, pensaban que llegaba a todo el mundo, servía para hacer propaganda del régimen y por lo anterior pretendían acallarla. La motivación real es la de cualquier estalinista: llegar al poder mediante el terror, controlar a la sociedad a través del miedo, generar odio como motor revolucionario, etc. No es infrecuente que estos violentos declaren que luchaban por los derechos de la república y la democracia. No hay más que ver sus acciones empapadas de sangre o leer la documentación que se incautó a los jerifaltes comunistas Gómez Gayoso y Seoane Sánchez para comprobar que su concepto de democracia distaba mucho de lo que se entiende por democracia. Así, a los países del Este de Europa, satélites de la URSS estalinita, los denominaban nuevas democracias. Queda claro, pues, la clase de democracia que defendían.

DESTINO DE LOS VIOLENTOS

Ya vimos que Bello Parga fue agarrotado y que Pedreira de la Iglesia resultó abatido por la Guardia Civil en Silán (Muras). En cuanto a Rafael el Andaluz no puedo ofrecer más detalles. Por lo que atañe Díaz Milia, infiltrado por la Guardia Civil, prestó un importante servicio en la lucha que sostenía el país contra la criminalidad comunista. El 26 de junio de 1946 --según Lupe Martínez (pp. 55-56)-- o el 28 de julio según Alejandro Rodríguez, la cuadrilla del Ponte que controlaba la zona de Órdenes se encontraba descansando en un monte o en una bodega. Díaz Milia se había ofrecido para hacer guardia así que el resto del grupo se echó a descansar. Cuando el Ponte se despertó poco antes de amanecer y llamó al que hacía guardia nadie le respondió. Echó mano a su pistola y se encontró con el sitio. Dio la voz de alarma y varios de los violentos se encontraron sin armas. Al poco vieron llegar a Díaz Milia que había avisado al puesto de Órdenes de la Guardia Civil y venía al frente de la fuerza haciendo los primeros disparos. En el enfrentamiento resultó abatido uno de los terroristas, Antonio Recouso Boquete; y heridos de consideración José Blanco Núñez @ Ferreirín en una pierna, junto con José Santiago Temprano en un brazo. Por otra parte, parece ser que Díaz Milia hizo importantes revelaciones que permitieron desarticular un crecido número de puntos en los que se prestaba asistencia a los violentos --no creo que tantos como parecen exagerar las fuentes comunistas que hablan de 25 familias y que 300 personas resultaron detenidas, quedándose sin ningún punto apoyo. Quiere Lupe Martínez que la orden dada por la dirección estalinista en Galicia --José Gómez Gayoso y Antonio Seoane Sánchez-- de asesinar a Milia se cumpliese, pero no ofrece ningún dato que permita confirmar ese supuesto hecho. Para Alejandro Rodríguez, el caso de Díaz Milia es el único que conoce en el que una infiltración no acabó con la muerte del infiltrado a manos de los propios violentos.





domingo, 14 de diciembre de 2014

Asesinato de Manuel Doval Lemat en Cambre (y V)

ESCASA IMPUNIDAD

En estos tiempos en los que se tienen que formar asociaciones de víctimas del terrorismo que una y otra vez nos recuerdan que los verdugos se pitorrean de ellas, bien porque una etarra sale licenciada del presidio tras haber pasado 26 años en la cárcel por 24 asesinatos, bien porque se van a vivir a inmuebles situados junto a los de sus víctimas; en estos tiempos en los que hay tantos delitos de terrorismo por los que nadie fue castigado no resulta difícil adquirir la convicción moral de que Rajoy está siguiendo la hoja de ruta de Zapatero para la suelta de presos de la ETA, y llama la atención el contraste con lo que sucedía en los 40 en donde no había lugar para estos pitorreos, como veremos hoy.

Los castigos que se imponen a los delincuentes suelen cumplir varios fines: proteger a la sociedad de los malhechores; servir de ejemplo para que se vea lo que le sucede a los que delinquen; escarmentarlos para que no reincidan; dar satisfacción a las víctimas del delito, a sus deudos o a la sociedad; y a ser posible reinsertarlos, aunque esto último tiene a veces mucho de utópico. En el caso de los participantes en el atentado contra Doval, muy pronto se cumplió con lo que correspondía de  lo que acabo de comentar. Algunas de las fechas que siguen están tomadas de Lupe Martínez: Coa man armada. s.l. : A nosa terra, D.L. 2007.

Marrofer fue muerto por la Guardia Civil en un enfrentamiento armado con la misma en Milreo (Aranga) el 26 de junio de 1946, a los dos meses del asesinato de Doval ¿Alguien da más?

El 19 de mayo de 1946 la Guardia Civil detiene tras el asesinato de Arcadio Vilela a Manuel Luis Bello Parga, que será condenado a la última pena y agarrotado en la Prisión Provincial de La Coruña el 11 de julio de 1946.

El 21 de abril de 1947, un nuevo enfrentamiento armado con la Guardia Civil que se desarrolló en Frades ocasionó, entre otras, la muerte de Manuel Díaz Pan @ Rogelio.

Si el asesinato de Doval se realizó por orden del responsable político de la guerrilla, llamado Carlos y este es Adelino [sic] Rivas Pombo, fue igualmente abatido en enfrentamiento con la Guardia Civil en Buxán, hoy Val do Dubra, el 22 de mayo de 1947.

Amador Peregrino Domínguez o Amador Domínguez Pan @ Pimentel, es capturado por fuerzas de la Guardia Civil en Sofán (Carballo) el 18 de agosto de 1948, sometido a juicio en donde se le exigen las correspondientes responsabilidades por los crímenes en los que participó, condenado a muerte y agarrotado en la Prisión Provincial de La Coruña el 25 de enero de 1949.

El 21 de junio de 1949 será abatido en nuevo enfrentamiento con la Guardia Civil desarrollado en Silán (Muras), José Pedreira de la Iglesia @ Tomás Padilla.

En 1950 será asesinado en Vilarmaior por sus propios camaradas comunistas José María Díaz Pan @ Jaime o Jaimito. Parece ser que un informe del PCE lo acusa de traidor, pero por las fechas tardías en las que estamos un  asesinato como el que nos ocupa se podría encuadrar en la política desarrollada por el Partido Comunista para privar de la vida a aquellos de sus peones que no querían dejar las actividades violentas, se encontraban absolutamente bandolerizados habiéndose acostumbrado a vivir del robo, y se negaban a salir de España.

Como existen dudas acerca de la participación de otros individuos en el atentado contra Manuel Doval, prefiero no citarlos. Parece ser que el único de los que no existen dudas sobre su participación en el atentado y que no pudo ser puesto a disposición judicial ni capturado por la Guardia Civil fue Francisco Rey Balbís, vecino de Gandarío, autor material del asesinato de Doval. Murió en Cuba el pasado año 2010 quedando sus delitos impunes.

Como vemos, se protegió a la sociedad de quienes robaban, extorsionaban, asesinaban y torturaban; los delitos que habían cometido hicieron que los capturados pagasen con su vida los crímenes en los que habían participado, o la perdieron en enfrentamientos armados con la Guardia Civil; quiero suponer que algún consuelo tuvo que llevar a los deudos de las víctimas las acciones de la Guardia Civil o de la Justicia. Parafraseando a Obama, con los enfrentamientos o captura de estos delincuentes, que a diferencia de la guerrilla española durante nuestra guerra de la independencia o de la que en Francia luchó contra los nazis, no se enfrentaron a extranjeros, sino que por mal perder quisieron reactivar una guerra civil que habían perdido pese a partir con todas las ventajas, enfrentándose a otros españoles --diferencia sustancial sobre la que hago hincapié--, parafraseando a Obama, digo, con el fin que tuvieron estos personajes estalinistas, verdaderamente patibularios, España fue un poquito más segura.

Mis notas: 1946/1947. La Coruña. Causa nº 205 de 1946, del registro de la Secretaría de Justicia de la Capitanía General de Galicia, instruida con motivo del asesinato de que fue víctima el vecino de Cambre (La Coruña), D. Manuel Doval Lemat. Depositada en el Archivo Intermedio Militar Noroeste de Ferrol por el Tribunal Militar Territorial IV (La Coruña).



domingo, 7 de diciembre de 2014

Asesinato de Manuel Doval Lemat en Cambre (IV)

PORQUÉ

Responder a este porqué como quieren los comunistas equivale a justificar una violación porque la chica iba provocando; o lo que es lo mismo, equivale a equiparar a la víctima con sus verdugos haciéndola responsable de su propio asesinato. La respuesta comunista a este porqué es sólo una justificación infantil sobre su violencia, que no se sostiene. En realidad lo que hay es odio, que en su ideología se considera un importante motor revolucionario y ese odio era el que les hacía tener tan mal perder por lo que a la guerra civil se refiere, los impulsaba a cometer actos de crueldad incompatibles con cualquier conciencia honrada, o a ser más malos que la tiña si se quiere. De ninguno se sabe que se haya arrepentido o que haya pedido perdón por el sufrimiento y dolor originado a huérfanos y viudas de sus víctimas. Para la propaganda comunista de medios como El Guerrillero o Mundo Obrero, para Manuel Luis Bello Parga, incluso para la Guardia Civil de la época cuando trasladaba una explicación en la lógica de la propaganda comunista, el asesinato de Doval estaba relacionado con el hecho de que en Cambre y durante la guerra se produjeron algunas represiones. Absurdo. Un terrorista de ideología stalinista, bolchevique, pretende llegar al poder mediante el terror; con independencia de que el régimen sea democrático o no él intentará imponerse mediante la violencia para llegar a la construcción del socialismo, a implantar un régimen totalitario de tipo comunista. Por la experiencia que tenemos con el terrorismo de la ETA sabemos que mataban cuando podían y a quien podían, no porque la víctima fuese esto o lo otro o los hubiese agraviado especialmente. Y a la ETA aún se le podría decir que en algún caso fue a por peces gordos, caso de Carrero Blanco. La guerrilla comunista de los 40 asesinaba a gente del pueblo, de ideología opuesta a la suya pero sin ninguna relevancia en las estructuras del régimen.

Si se quiere decir que Doval en tanto que jefe local de Falange en Cambre mató o dio orden de matar a muchos izquierdistas durante la guerra, si hablamos de paseos, tan sólo afectaron a seis
a cuatro vecinos (véase el segundo comentario a esta anotación) en un municipio que en el Censo de 1940 contaba con 7.822 habitantes, lo que supone que esas muertes alcanzaron una cifra tan escandalosa como el 0.08% 0.05% de la población... Y ello pese al volumen no despreciable del violento núcleo anarquista que poseía Cambre. Es de suponer que la decisión de que apareciesen muertos por la violencia esos seis cuatro sujetos no siempre sería de la Falange de Cambre, que con algunos tal vez intervendría directamente la Guardia Civil de Sigrás o de La Coruña; que algún otro caso se podrá atribuir a milicianos de La Coruña cuando reprimieron a individuos que hicieron resistencia armada al Ejército desde el Gobierno Civil, que estuvieron en barricadas con las armas en la mano, que asaltaron la armería de Eirea, el Hotel Europa, el Palace, el trasatlántico Magallanes, comercios y viviendas particulares para robar armas, etc. En el caso de una acción desarrollada por falangistas de Cambre, es de suponer también que se contaría con el visto bueno del Puesto de la Guardia Civil de Sigrás, que avalaría la extrema peligrosidad para el mantenimiento del orden público de los paseados. Conocemos el caso de Ricardo Pernas Martínez, apodado Cuba, portero-alguacil municipal que apareció muerto por la violencia sin duda porque abasteció al Ferranchín junto a otros de su calaña con más de 20 litros de gasolina con la que quemaron la iglesia de San Juan de Pravio. Por si esto no fuese suficiente, le encontraron en la huerta de su casa varias bombas, alguna de hasta 7 kg de peso. De José Pérez Ferreño y Luciano Costa García sabemos de su extremismo al haber sido condenados por sedición en la Audiencia Provincial de La Coruña en sentencia de enero de 1934 [Luz, 5/01/1934, pág.5. Recuperable en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional]. Por lo tanto, debieron tomar parte en la sublevación revolucionaria anarquista de diciembre de 1933 contra la república. Pese a lo anterior, Luciano Costa fue concejal del Frente Popular en Cambre. Hombres como Doval estaban en guerra, también había una guerra de retaguardia y se trató a quienes se comportaron como sus enemigos como estos los habrían tratado de tener ocasión. En la guerra, como en la guerra.

Manuel Doval Lemat aparece en una encuesta sobre tendencias políticas del Ayuntamiento de Cambre, encargada desde Madrid al Gobierno Civil de La Coruña en 1935. En ella se le alude como una de las personas influyentes de Cambre, "presidente de la CEDA" (quiero suponer que más bien la Unión Regional de Derechas). De él se dice que seguía inspiraciones del concejal "cedista" de La Coruña, Jesús Molina. En el mismo documento consta que el núcleo obrero de Cambre contaba con unos 300 afiliados a sindicatos anarquistas de La Coruña (ARG, GC, 4.369). Quiero decir con lo anterior que Doval debía ser una persona normal, de un partido moderado y demócrata de derechas. Vimos que Cambre fue una de las zonas más azotadas por la violencia anarquista del cinturón de La Coruña, desde quemar iglesias como la de Santa María de Vigo, la de Sigrás, Anceis o Pravio, las imágenes en la de Cela, pasando por echar de su casa al párroco de Santa María de Vigo, al de Brexo, Cambre, Sigrás o Bribes; a orinar sobre el de Sigrás mientras estaba detenido de forma arbitraria; tener que hacer guardia nocturna por parte de feligreses de la iglesia de Cambre para evitar que la incendiasen, etc. En un ambiente así resultaría insólito que alguien como Doval no fuese amenazado, insultado, si es que no fue agredido, que no lo metiesen en las listas negras, que no le hiciesen vivir una situación de terror que como a tantos otros le hizo abandonar las posiciones democráticas previas por mero espíritu de supervivencia. Con el inicio de la guerra él como cualquier persona de derechas que no estaba dispuesta a dejarse matar por los revolucionarios sin antes defenderse se puso al lado de los que iban a impedir que lo asesinasen y entró en Falange siendo presidente local de FET y de las JONS hasta poco antes de su muerte. También ejerció el cargo de juez de paz en Cambre. Falta mucho para completar su biografía así que si me aparece algo sobre él lo incluiré como comentario a esta anotación.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Asesinato de Manuel Doval Lemat en Cambre (III)


ENLACES Y PREPARATIVOS DEL ATENTADO

Los violentos no estuvieron solos. Con la detención de Manuel Luis Bello Parga tras el asesinato de Arcadio Vilela --ya lo veremos-- el primero cantó, seguramente por el sistema de sacudirle el polvo de la ropa, cosa que a mi no me importa nada si se tiene en cuenta que integraba un comando de asesinos; que formaba parte de una tropa que torturaba empleando acciones denominadas por los comunistas apaleamientos. El caso es que con la detención de Bello se conocieron detalles muy interesantes del atentado.

Luis Pan Novo era un vecino de Pravio de 61 años, con el que ya nos encontramos cuando el Ferranchín y otros revolucionarios de su calaña se dedicaron a robar armas en Cambre y este hombre se vio obligado a entregarles su escopeta. En 1946 era hortelano o jardinero de ese chalé que veis en la imagen, entonces de la familia Pombo, situado muy cerca de la carretera de Cambre a La Telva. Lo ayudaba en los trabajos de jardinería y a veces lo sustituía su hijo José María Pan Pasandín, más conocido por Che de Luis, de 32 años, vecino de Pravio y que vivía con su mujer en la casa paterna. El 20 de marzo de 1946 al ir al chalé sobre las 14.30 horas se encontró que la puerta lateral del inmueble tenía la cerradura violentada y al abrirla se encontró con cinco individuos, que según el mismo Ché de Luis lo amenazaron con pistolas y lo hicieron pasar manos arriba, o eso cuenta él, aunque yo tras haber leído la causa tengo la convicción moral de que era un enlace de los violentos. Esta primera vez y según el mismo testimonio lo dejaron salir para dedicarse a sus labores agrícolas durante toda la tarde. Al día siguiente ya no estaban. A los 4 o 5 días parece que volvió a verlos en el chalé y como se encontraban sin víveres le encargaron que les comprase carne, patatas, aceite y pan, para lo que le dieron 200 pts. Hizo la compra y al entregarla declaró que lo volvieron a amenazar para que guardase silencio.

A los pocos días, sobre las once de la noche llamaron a la puerta de su casa en Pravio, parece que invocando el nombre de la Guardia Civil. Abrió su padre Luis Pan Novo, y padre e hijo declaran que amenazaron también al progenitor para que no delatase su presencia. Che de Luis pudo apreciar que al salir de su casa se unieron a los cinco de la cuadrilla tres más que se habían quedado fuera. A los ocho o diez días el hijo del hortelano volvió a ver a los integrantes del comando, que eran los mismos ocho que fueran por su casa. Le volvieron a encargar la compra de víveres y volvió adquirirlos. Pasados unos días se volvieron a presentar en su casa de Pravio una noche y lo obligaron a ir al chalé con el fin de que viera si había alguien en el interior, lo que le llevó a creer que debían desconfiar de caer en una emboscada.  Por muy amenazado que estuviese, no parece que los violentos confiarían una gestión así a alguien que no fuese de su absoluta confianza. Comprobó que no había nadie y lo dejaron irse, quedando el comando en la finca, que sería un día o dos antes del asesinato de Doval. Le dijeron que al día siguiente se presentase en la finca para hacerles más compras. Así lo hizo y alrededor de las once le hicieron un nuevo encargo. Después no volvió a verlos.

José María Pan Pasandín identificó a Manuel Luis Bello Parga como uno de los integrantes del comando que se encontraban en el chalé. Dio varios nombres de los demás: un tal Pepe, que hacía de jefe y seguramente era Francisco Rey Balbís, conocido también por Moncho, aunque también da este nombre como el de otro violento distinto de Pepe. Otro de los nombres que proporcionó fue el de Tomás Padilla, alias de José Pedreira de la Iglesia; un tal Rogelio, alias de Manuel Díaz Pan; un tal Marcelino, que parece Marcelino Rodríguez Fernández, más conocido por Marrofer; declaró que no sabía el nombre del octavo por haber llegado de los últimos con Marcelino y Rogelio.

Ni antes ni después del asesinato de Doval, los Pan pusieron en antecedentes a la Guardia Civil, lo que les hizo incurrir en una responsabilidad evidente porque con su silencio y su cooperación activa en el caso de Che de Luis, facilitaron un asesinato y que no se persiguiese a los autores de un hecho tan grave. Tras haber leído la causa y aunque padre e hijo declaran que todo lo hicieron por estar amenazados, yo adquiero la convicción moral de que el hijo era un enlace de los facinerosos, y el padre se vio envuelto en las actividades de José María. Para protegerlo guardó silencio. Sometidos a juicio, su causa se vio ante un consejo de guerra. El fiscal y futuro alcalde de La Coruña, Sergio Peñamaría de Llano, pidió para el padre ocho años de prisión más las accesorias correspondientes. Solicitó del tribunal que impusiese doce años al hijo. Este, llegó a pedir ante el consejo que si se condenaba a alguien, que le impusiesen a él la pena que correspondiese a su padre. Esto parece dar a entender que el propio hijo reconocía que había metido a su progenitor en un lío en el que este se había envuelto sin tener nada que ver. Al final, el tribunal condena a Luis Pan Novo a dos años de prisión; y a José María Pan Pasandín a ocho años. De todos modos, entre indultos parciales y redención de penas, por ejemplo por realizar estudios elementales, no llegan a cumplir la pena impuesta. Luis Pan Novo sale en libertad condicional el 18 de noviembre de 1947 y José María Pan Pasandín el 24 de julio de 1949.




lunes, 17 de noviembre de 2014

Asesinato de Manuel Doval Lemat en Cambre (II)


PRIMERAS PESQUISAS

Al producirse el atentado se dio aviso al puesto de Sigrás de la Guardia Civil, que se trasladó al lugar. Sobre las tres de la mañana efectivos del Instituto se desplazaron a la estación del ferrocarril de Cambre desde donde telegrafiaron a la Comandancia de La Coruña dando cuenta de lo ocurrido. Desde la Comandancia se dio orden para la inmediata salida de las fuerzas disponibles de Betanzos, Línea de Sada y Línea y destacamento de Órdenes y de La Coruña. Con ellas, empleando camiones, se estableció un cerco completo de Cambre a diferentes distancias, prosiguiendo la búsqueda con servicios de apostadero en la comarca. 

Estos trabajos no dieron el resultado apetecido y la Guardia Civil, pendiente de cualquier indicio, tuvo una confidencia en Oleiros que se quiso comprobar. Dos días antes del asesinato de Coché, Enrique Barbeito Illobre, conocido por el Hijo del Castaño, dijo en Oleiros en la taberna de Emilio Larrosa Freire, que atendía en ese momento su mujer Josefa Pardo Castro, que durante el Movimiento le habían matado a su hermano Santiago y que debido a las multas que le habían puesto a su padre y gastos a que hicieron frente por andar huidos, su padre tuvo que traspasar la tienda que tenían en El Burgo, pero que todo eso sería vengado... Parece ser que al comienzo de la guerra detuvieron al padre de Enrique, pero debió comprobarse que no era culpable y lo pusieron en libertad a las 24 horas. No debió suceder lo mismo con su hermano, que fue llamado a declarar a La Coruña y desde entonces no supieron más de él. Por esas fechas alguien comentó en El Burgo que habían aparecido en la Cuesta de la Sal varios individuos muertos por la violencia. Allí se desplazaron algunos vecinos del Burgo buscando a José García Rey, a uno apellidado Sabio Ucha y a Santiago Barbeito Illobre. Cuando llegaron ya habían retirado los cadáveres pero por la descripción que les dieron de los cuerpos, Enrique Barbeito adquirió la convicción de que uno era el de su hermano Santiago. Sobre estos muertos por la violencia se hizo mucha demagogia y corrieron abundantes leyendas urbanas, por ejemplo que los mataban "por ser republicanos" o por meras venganzas, o envidias, por ejemplo de un sastre al que hacía la competencia otro sastre, etc.. Me da la risa, vamos. Con las excepciones que se quieran --y cualquiera comprende que en una guerra no es posible el matiz y en ocasiones se cometen errores--, los que aparecían muertos por la violencia eran en general individuos sobre los que había pruebas incontestables de que se habían comportado como enemigos de los alzados, bien formando parte de partidas armadas en barricadas, dirigiendo actividades violentas desde el Gobierno Civil, asaltando armerías, viviendas, hoteles, etc. Como se habían aprovechado de su estatus de paisanos para enfrentarse a un ejército uniformado no se les consideraba con dignidad suficiente para comparecer ante un consejo de guerra así que se les castigaba por la misma puerta de atrás que ellos habían usado. Tenían más puntos para caer los dirigentes que los dirigidos. Estos últimos para aparecer muertos por la violencia debían poseer antecedentes penales, policiales, o de mala conducta hasta un grado en que se les considerase peligrosísimos para el mantenimiento del orden público, capaces de empuñar armas y matar, de colocar bombas o desarrollar otras actividades violentas.

Al tener conocimiento la Guardia Civil de esa amenaza de venganza, producida como digo dos días antes de realizarse el asesinato de Doval, se desplazó a Oleiros el jefe de las fuerzas antiterroristas de la época en La Coruña, cabo primero de la Guardia Civil, Vicente Peralta López, jefe de la Brigadilla, que tomó declaración a la tabernera y al inculpado. Sus pesquisas se orientaron a conocer qué había hecho Enrique Barbeito el día y los previos al asesinato. Como tuvo algunas dudas, lo puso a disposición de la autoridad judicial militar en la Prisión Provincial de La Coruña. En ella permaneció un mes porque con la detención de Manuel Luis Bello Parga y las importantes revelaciones que hizo este violento, quedó del todo claro que la amenaza de Barbeito no pasaba de una bravuconada, no tenía relación con el atentado de Cambre, el alcalde de Culleredo informó sobre él indicando que era de izquierdas pero de buena conducta, así que fue puesto en libertad.